Miércoles 03 noviembre 2021
Desde Gratacós seguimos de cerca las pasarelas españolas porque nos gusta apreciar la creatividad de los diseñadores en forma de impactantes prendas de temporada y como, en ocasiones se cuela alguno de nuestros tejidos entre los looks de sus magníficas colecciones. Después de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid de septiembre, la última cita con la moda la sostuvo el 080 Barcelona Fashion el mes pasado, en una nueva exhibición de moda y poderío.

La pasarela catalana volvió a apostar por el formato digital presentando por tercera vez consecutiva, cortometrajes de moda previamente grabados y editados de 22 diseñadores que participaron en la última edición. Esta vez, el set de rodaje de las piezas audiovisuales tuvo lugar en un espacio que rompió con el legado modernista de las últimas ediciones: el complejo residencial y arquitectónico de Xavier Corberó situado en Esplugues de Llobregat. Una maravillosa obra escultórica de hormigón y cristal de carácter racionalista con edificios oníricos que recuerdan la pintura metafísica de Giorgio de Chirico o el arte matemático de Escher.
A continuación, os explicamos al detalle algunas de las colecciones que nos sorprendieron más con diseñadores que mantienen discursos creativos vinculados con la singularidad, la artesanía, la sostenibilidad o la proximidad.

Avellaneda
Avellaneda convirtió el espacio XC del complejo arquitectónico Xavier Corberó en una fiesta glamourosa de manual exhibiendo belleza, juventud y buen gusto en el vestir. En la nueva colección, el diseñador barcelonés Juan Avellaneda se inspiró en la ciudad y en los individuos que habitan en ella y comparten secretos, pasiones, romances efímeros, promesas eternas e instantes de diversión. Esta jungla urbana consistía en una propuesta sofisticada de looks de cóctel con guiños al estilo safari: una revisión del animal print de cebra, chaquetas con lentejuelas y pantalones baggy de tonalidades tierra. Estas piezas novedosas convivían con sus buques insignia de la firma: esmóquines, vestidos con sensuales aberturas, sedas, volantes y lentejuelas reinan en prendas de patrones atrevidos en una propuesta singular que mezcla exotismo con su habitual elegancia. Las bases neutras, el binomio blanco y negro, el rojo y el fucsia dieron color a esta colección festiva que juega con los códigos clásicos del buen vestir.

Eiko Ai
Eiko Ai aporta un nuevo valor en la moda femenina uniendo conceptos como la sofisticación y la sensualidad en la ropa que crea de estilo casual de todo llevar. Siempre con ese punto de magia que invite a las clientas a soñar a través de los diseños. En esta ocasión, la firma liderada por Glò Lladó ha presentado en el 080, una colección que representa un viaje fantástico hacia la montaña para hacernos descubrir las ninfas del bosque. Estas criaturas de poder evocador, que inspiran mitos y leyendas, se han vestido con combinaciones de dos piezas con sujetadores -un rasgo distintivo de Eiko Ai-, chaquetas tipo bomber de tamaño oversize, gabardinas con tejidos brillantes y vestidos vaporosos de cortes sorprendentes que insinúan sin mostrar en exceso. Todo ello adornado con tejidos de lentejuelas, terciopelos, satenes, encajes y materiales iridiscentes que crean sensuales transparencias en el cuerpo de las modelos. Las siluetas tienen un punto minimalista inspirado en la década de los 90 y los looks lenceros se funden con los festivos en esta emocionante propuesta teñida de verdes profundos, plateados y lavandas que atrae a primera vista.

Moisés Nieto
El diseñador de Úbeda (Jaén) debutó en la pasarela catalana haciendo gala de sus credenciales: diseño contemporáneo combinado con la pasión por la artesanía y el oficio que caracteriza su estilo elegante desde la contención. En la nueva colección para la próxima temporada, Moisés Nieto hace un viaje al pasado para conectar de nuevo con su infancia en Andalucía. De los veranos de los años 90, el diseñador escoge elementos rescatados del recuerdo que le sirven para dar forma a una propuesta que habla de la cotidianidad: el crochet de los paños, los visillos de las cortinas, los encajes o las plantas del patio son una representación de los recuerdos que nos llevan a los eternos y calurosos veranos del sur. La firma sostenible da forma a su particular visión en amplios vestidos midi y faldas de seda plisadas. Prendas ligeras confeccionadas con tejidos de algodón ecológico o seda y mezcladas con técnicas artesanales como el punto, el crochet y el macramé. Vale la pena destacar las texturas exhibidas que juegan con diferentes pesos y estructuras para crear volumen en las prendas femeninas que suman detalles inesperados. Como sucede en colecciones anteriores, el diseñador se acerca a la artesanía y pone en valor la sostenibilidad, dos aspectos que se han convertido en los sellos más visibles de la firma española.

Y_Como
Por último, destacar el nuevo trabajo de Cristina y Yolanda Pérez de Yolancris en la nueva marca, Y_Como, que vuelve a sorprender con una nueva colección basada en la investigación y el proceso creativo. La propuesta de verano presentada en el 080 Barcelona Fashion se inspira en el cuadro ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco. Concretamente en el panel que hace referencia al Paradiso con una interpretación libre, pero llena de referencias visuales que remiten a la obra centrada en la creación. En la primera escena del fashion film, ambientada en el jardín arquitectónico de Xavier Corberó, van apareciendo las modelos que encarnan los personajes del cuadro: hay el búho que representa el mal que contempla que se caiga en la tentación, las figuras de Adán y Eva, y un seguido de animales exóticos que son representados por modelos de estética barroca que muestran espectaculares túnicas doradas con bordados florales. También conviven otros sensuales vestidos negros, prendas con multitud de retales florales y el denim, el tejido estrella de la creativa firma prêt-à-porter con vestidos voluminosos que le dan un punto de rebeldía a esta sensual propuesta de Y_Como.





Miércoles 20 octubre 2021
¿Es el negro un color? Aún hay debate en el que representa el tono más oscuro, el resultado de la ausencia o absorción completa de la luz visible. El negro es un color sin matiz, una base neutra como el blanco -su opuesto- y el gris. Carece de tonalidad y luminosidad porque absorbe la luz sin reflejar ninguno de los rayos que lo componen. Históricamente se ha utilizado el color negro para representar la oscuridad, el luto, la solemnidad y la autoridad, pero también se ha vinculado con la elegancia, el inconsciente y el individualismo. Especialmente en el último siglo, el más revolucionario de todos. El negro simboliza el caos. Ahora, vuelve a la palestra como color primario y absorbe al resto de contrincantes, pero antes indaguemos un poco en el imaginario de un color sin color.

De orígenes prehistóricos: Arte, inframundo y muerte.
El negro fue uno de los primeros colores utilizados en el arte. Lo emplearon los artistas paleolíticos en las pinturas rupestres con dibujos de toros y otros animales elaborados con carbón vegetal y más adelante, se fabricaron pigmentos de tonalidades más intensas con óxido de manganeso o huesos de animales. En la Antigüedad, los egipcios le dieron al negro asociaciones positivas: era el color que representaba la fertilidad (el suelo inundando por el Nilo era negro). También representaba el dios Anubis, guardián del inframundo, quien tomó la forma de un chacal negro y ofrecía protección contra el mal a los muertos. Para la Grecia Clásica, el negro también era el color del “otro mundo”, separado del terreno de los vivos por el río Acheron, cuyas aguas eran negras. Los griegos a menudo utilizaban este color en alfarería con figuras negras contrapuestas a otras figuras rojas. Curiosamente, en la jerarquía social de la antigua Roma, el negro fue usado por los artesanos. No era una tonalidad profunda y rica porque los tintes vegetales que utilizaban para hacer negro no eran sólidos ni duraderos, por lo que a menudo se desvanecían a grises o marrones. El negro también fue el color romano de la muerte y el luto. En el siglo II a.C., los magistrados romanos comenzaron a usar una toga oscura para ceremonias fúnebres. En la poesía romana, la muerte se llamaba la hora negra.

De la oscuridad del medievo al Renacimiento
En la Edad Media, el negro se asoció con el mal y la oscuridad. Era el color de la magia, de la brujería y las artes oscuras. De hecho, el diablo en las pinturas medievales se representaba con forma humana, pero con alas, piel y cabellos negros. De negro, también se vistió Europa durante los episodios de peste bubónica como señal de duelo. En la moda de la época, el negro no tenía el prestigio del rojo, el color de la nobleza y fue usado por los monjes benedictinos como un signo de humildad y penitencia. A pesar de ello, el negro también podía simbolizar el poder como el secreto en el mundo medieval. El emblema del Sacro Imperio Romano de Alemania era un águila negra. También el caballero negro en la poesía de la Edad Media era una figura enigmática, sin identidad.
En el Renacimiento, las connotaciones del color negro comenzaron a cambiar. Llegaron al mercado tintes negros de alta calidad que permitían elaborar prendas de un negro profundo y rico. Fue en esa época cuando los magistrados y los funcionarios del gobierno se ataviaron con sus túnicas negras, como signo de la importancia y de la seriedad de sus posiciones. Como solo la nobleza podría llevar colores vivos como el rojo o el azul real, la floreciente clase media como banqueros y comerciantes empezaron a adaptar el negro en sus túnicas y vestidos para distinguirse socialmente.

El color de la corte española durante el Siglo de Oro
El negro fue el color de moda en la España del Siglo de Oro. Se convirtió en el color emblema de los Habsburgo españoles, de Carlos V y de su hijo, Felipe II que lo veían como un símbolo del poder, la dignidad, la humildad y la templanza. Una potencia mundial como fue España después del descubrimiento de América, dictaba la moda y trasladó el gusto en el vestir de la corte española al resto de Europa. El negro era austero y sobrio, pero también rico en matices y hacía apreciar mejor la complejidad de los tejidos utilizados. Como más brillante y sólido era, más estatus social tenía la persona que lo lucía.

En la pintura barroca también hubo un resurgir del color negro en el tratamiento de la luz y la sombra en las obras de Caravaggio y Rembrandt o en las pinturas de Velázquez, y más tarde Goya. ¿Quién no recuerda sus famosas pinturas negras? Más tarde, cuando los Países Bajos se convirtieron en una nueva potencia mundial, determinaron una nueva moda: se aflojó la vestimenta y las rígidas golas, pero los colores no volvieron porque entre los holandeses había triunfado la Reforma, y el color de los protestantes también era el negro.

El negro en la era contemporánea
En el siglo XVIII, durante la Era de la Ilustración europea, el negro perdió fuelle como color de moda. París se convirtió en la capital de la moda, y los pasteles azules, verdes, amarillos y blancos se convirtieron en los colores de la nobleza y las clases altas. Después de la Revolución Francesa, el negro volvió a instaurarse como el color dominante. De negro también se recuerda la Revolución Industrial, en gran parte alimentada por el carbón y más tarde por el petróleo. Charles Dickens y otros escritores de la época describieron las calles oscuras y los cielos ahumados de Londres, y se ilustraron vívidamente en los grabados del artista francés Gustave Doré. El negro también fue el color de la literatura romántica. El tono de la melancolía, del romanticismo y de la nostalgia del pasado. Castillos tormentosos, noches lluviosas, reuniones secretas por la medianoche… el negro tenía un componente fantástico y lo adoptaron los poetas de la época.

El negro de los artistas impresionistas
El impresionismo no reconoció el negro como color. Esta corriente pictórica iniciada en Francia hacia 1870, fue muy popular y, aún hoy, el espectador considera los cuadros impresionistas como la culminación de la belleza pictórica. Édouard Manet usó el color negro por su fuerza y efecto dramático. El retrato de la pintora Berthe Morisot de Manet fue un estudio en negro que capturó perfectamente su espíritu de independencia. El negro le dio a la pintura poder e inmediatez. Henri Matisse citó al impresionista francés Pissarro diciéndoles: “Manet es más fuerte que todos nosotros: hizo la luz con el negro”. Otro célebre pintor: Pierre-Auguste Renoir usó negros luminosos, especialmente en sus retratos. Cuando alguien le dijo que el negro no era un color, Renoir respondió: “¿Qué te hace pensar eso? El negro es el rey de los colores”. Vincent van Gogh usó líneas negras para dar forma a muchos de los objetos en sus pinturas. En el siglo XX, el color negro también vivió un nuevo esplendor. El pintor ruso Kazimir Malevich, creó el ‘Cuadrado negro’ en 1915 y es considerada la primera pintura puramente abstracta. Para Henri Matisse, el negro era un color apreciado. “Cuando no sabía que color dejar, pongo negro”, dijo en 1945.

Un símbolo del individualismo
La vestimenta negra concentra en el rostro, considerado el centro de la individualidad, la impresión que una persona produce. No en vano, en la década de 1950, el negro se utilizo como un símbolo de la individualidad y la rebelión intelectual y social, el color de los que no aceptaron las normas y los valores establecidos. El filósofo Jean-Paul Sartre iba siempre de negro. La cantante Juliette Greco, que encarnó el existencialismo en actitudes más populares, era famosa por sus ojos con sombra negra, sus pantalones de pana negros y su jersey negro de cuello alto que le llegaba hasta el mentón. El negro se hizo popular también como color diferenciador entre todos los grupos que no se sentían como parte integrante de la masa y que no participaban de los valores de la adaptación. Los rebeldes sin causa usaban invariablemente cazadoras de cuero negro. Luego apareció el reinado del rock’n’roll, la moda punk y la subcultura gótica con un tipo de moda fúnebre inspirada en la era victoriana.

El color favorito de la moda del siglo XX
El negro es el color de la elegancia porque supone renunciar a la pompa y al deseo de llamar la atención. Quien viste de negro, renuncia incluso al color. Por eso, ir de negro simboliza ir acertado sin riesgo. Esto se manifiesta especialmente con la moda masculina más conservadora: los trajes elegantes, el frac y el esmoquin, son siempre negros. El negro también fue considerado el color que vestían los artistas para que el personaje no eclipse la obra: quien viste de negro no necesita hacerse el interesante con otros colores, le basta la personalidad.

Uno de los grandes nombres de la moda que revolucionó la moda femenina del siglo XX fue Coco Chanel. La diseñadora francesa simplificó el vestuario de las mujeres con su gran obra maestra: el little black dress. El vestido corto que hasta hoy ha sido ideal para todas las ocasiones formales. “Una mujer necesita tres cosas: un vestido negro, un jersey negro y, en el brazo, el hombre que ama”, decía. El negro también fue el color preferido de Cristóbal Balenciaga, que quiso rescatar el esplendor que tuvo siglos atrás y llevarlo de nuevo a la moda. También tuvo poder en Christian Dior que afirmaba que el color negro “podía llevarse en cualquier momento, a cualquier edad y para cualquier ocasión”. Por su parte, el diseñador Gianni Versace consideraba que el negro: “Es la quintaesencia de la simplicidad y la elegancia”, y el diseñador francés Yves Saint Laurent dijo: “el negro es el enlace que une arte y moda”. De toda la historia entre cine y moda, uno de los vestidos negros más famosos del siglo pasado fue diseñado por Hubert de Givenchy y usado por Audrey Hepburn en la película ‘Desayuno en Tiffany’s’ de 1961.

Los diseñadores también visten de negro
Lo hemos visto. El negro ha cautivado a la industria de la moda con su elegancia discreta y su armonía cromática en la que tejidos y texturas también desempeñan un papel fundamental. De hecho, muchos de los asistentes de la industria que se sentaban en el front row les denominaban black crows (cuervos negros) por la indumentaria que acostumbraban a lucir siempre. Más allá de una tendencia del momento al reclamar su trono en el invierno de 2021 con looks monocromáticos, vestir de negro de la cabeza a los pies ha sido siempre una opción acertada que no tiene porque ser aburrida o monótona. Las pasarelas han vuelto a hablar por sí solas con propuestas que le dan un twist a este “uniforme” imperecedero. Alberta Ferretti, Fendi, Isabel Marant, Versace, Chanel, Gucci o Dolce&Gabbana revisan los looks de temporada que se tiñen de riguroso negro.

Más allá de la sofisticación, el misterio, la elegancia o el individualismo, este color a su vez también ha sido adaptado por famosos diseñadores contemporáneos que lo han convertido en su color preferido para exhibirse de cara a la galería. Eso sí, cada uno es fiel a su estilo. Es imposible no imaginarse a Carolina Herrera sin su falda negra por la rodilla; a Tom Ford sin sus perfectos trajes negros o a Karl Lagerfeld sin sus icónicas gafas negras. En sus versiones más casual destacan, por ejemplo, Alexander Wang con camiseta y vaqueros negros o Yohji Yamamoto que hizo del color negro todo un emblema del diseño japonés. “El negro es modesto y arrogante al mismo tiempo. El negro es algo perezoso y fácil, pero también misterioso”. Del color sin color por excelencia también inmortalizó una frase al periódico The New York Times: “Yo no me meto contigo, así que tú no me molestes”. Y aplica su mantra hasta las últimas consecuencias tanto en sus diseños como a la hora de vestirse a sí mismo. Coherencia, ante todo.



Los tejidos de la nueva colección SS22 ya se han estrenado en las pasarelas. La primera en exhibir algunos de nuestros artículos ha sido la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid que ha tenido lugar en la capital española durante el mes de septiembre. Diseñadores como Duyos, Malne, Isabel Sanchís, Roberto Torretta o Teresa Helbig, han expuesto en la nueva edición, sus diseños jugando con algunos de los tejidos más especiales de la próxima temporada. Te recopilamos los looks más destacados, así como el espíritu de cada colección. Una vez más, también agradecemos el apoyo de los diseñadores por confiar en nosotros.

Duyos
Juan Duyos ha vuelto a la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid por la puerta grande: entre aplausos, celebraciones y también un premio bajo el brazo. La colección galardonada es un homenaje a Madeira y representa todo un canto a la vida a través del color, los tejidos y la artesanía. La isla portuguesa ha servido al diseñador madrileño como inspiración para presentar una propuesta diurna pensada para llevar y disfrutarla durante varias ocasiones vinculadas con el ocio y el relax. ‘Un jardín flotante’ -así se llama la colección- imprime fuerza, energía y tradición a través de los paisajes deslumbrantes, la belleza salvaje del Atlántico, las tradiciones y la sorprendente gastronomía que empapan los looks y la puesta en escena, para la primavera-verano 2022.

La colección irradia la fuerza y el color de la isla. Desde las primeras salidas que son vibrantes y apetecibles y donde aparecen trajes hechos con un tejido típico de Madeira, de rayas de colores y adornos de flecos, motivos que se repiten en varios looks de la colección. En cuanto a tejidos, se muestran algodones cómodos con alegres bordados florales. El contrapunto lujoso lo añaden las sedas, el lúrex y las lentejuelas que dan brillo a la propuesta veraniega. También llaman la atención las siluetas grandes y generosas, las superposiciones de prendas, el juego de volúmenes y la mezcla de estampados y texturas para recuperar el espíritu lúdico, pero funcional de la moda de Duyos. El color también acapara la atención en sus tonalidades más radiantes: rojo intenso, azul vivo, naranja y, sobre todo, varias tonalidades de verdes. Una paleta cromática explosiva que exalta la juventud e impulsa el ánimo. Se avecinan buenos tiempos. En moda, también.

Isabel Sanchís
Isabel Sanchís ensalza los oficios de la industria con una propuesta femenina que vincula la clara simbiosis entre la moda y la artesanía. ¿Cómo? A través del detalle con proveedores capaces de crear tejidos especiales que inspiran, bordadores, artesanos del metal y plisadores. Todos ellos, junto con el equipo de la diseñadora valenciana, han contribuido a crear una colección sublime, que inspira alegría y positividad y que celebra la creatividad y el trabajo artesanal.

En la colección primavera-verano 2022 aparecen drapeados delicados y plisados en contraposición a diseños más estructurados y volumétricos, también están presentes vestidos mini y de alta costura en los cuales siempre aparece el sello indiscutible de la elegancia, una cualidad que está presente en todos los diseños de Isabel Sanchis. La paleta de colores es ecléctica y va desde los tonos neutros hasta los más atrevidos: desde un rosa flúor pasando por los tonos pistacho, naranjas, verdes lima y detalles metálicos. Una colección con investigación analítica, piezas prácticas y responsabilidad social.

Malne
Paloma Álvarez y Juanjo Mánez son el tándem que cimienta Malne, una firma de diseño de prêt-à-porter de lujo y costura con sede a Madrid. En su última propuesta, presentada en la pasarela española, los diseñadores han reivindicado el espíritu del artista al servicio de la moda. Más allá de las temporadas, esta próxima primavera, Malne vuelve a sus orígenes con una propuesta artesanal de series limitadas de prendas y abanderando más que nunca el estilo de una firma propia.

Para Malne, la moda significa ilusión y arte, empoderamiento femenino, abundancia de talento y creatividad y también, exceso. Precisamente así se llama la nueva propuesta para la próxima temporada. En el desfile, no nos ha pasado desapercibido uno de nuestros tejidos más especiales que recrea a través de flores escultóricas, ese espíritu artesanal que quiere poner en valor la firma.

Roberto Torretta
Las flores 3D también estuvieron presentes en el desfile primavera-verano 2022 de Roberto Torretta en sofisticados tejidos de color negro, ricos en apariencia y tacto. El diseñador argentino, afincado desde 1972 en España, ha lanzado una colección con propósitos renovados. El enfoque de la nueva propuesta es amigable con un nuevo tipo de moda más respetuosa, contemporánea, conectada de manera profunda con la naturaleza, las ciudades y las nuevas tecnologías.
La mujer de Roberto Torretta aspira al confort y a la versatilidad a través de siluetas dinámicas y relajadas en algodón sargado blanco perfecto o en lino verde. El optimismo también se desata en vestidos espontáneos, de patrones alegres y estampados florales o en lisos suaves de color amarillo o azul. Para la noche, han abundado los tejidos crepados, metalizados, diseños que recrean suaves 3D y sastrería de lujo.

Teresa Helbig
Este 2021, Teresa Helbig ha cumplido 25 años en la profesión con una identidad reconocible, una visión de autor y una fe inquebrantable en colecciones formadas por prendas-joya destinadas a habitar durante muchos años en el armario de sus dueñas.
Con motivo de su celebración y para celebrar su trayectoria, la diseñadora catalana ha presentado ‘Once Upon in Los Angeles’. Una colección que rinde homenaje al origen de los recuerdos de Teresa Helbig, cuando jugaba en el atelier de su madre con telas y retales y soñaba en el poderío de las grandes artistas del cine clásico. Una propuesta timeless que se caracteriza por los universos de ensueño y la artesanía que pasa de la gran pantalla a la pasarela en forma de súper mujeres poderosas, independientes y reivindicativas. Una mujer Helbig nunca pasa desapercibida.

Martes 21 septiembre 2021
Poco a poco, parece ser que volvemos a cierta normalidad. Y un indicador de ello, es nuestra participación física en Première Vision Paris, la feria especializada más influyente del mundo para los fabricantes de tejidos en el que se exponen bianualmente, todas las novedades de las colecciones que vienen a un año vista. Este año, Gratacós vuelve a estar presente para dar el pistoletazo de salida una de nuestras propuestas más especiales: Otoño-Invierno 2022/2023. Decimos que es “especial” porque la pandemia está representando para la empresa un año de grandes desafíos para mantener la creatividad, la producción y las ventas, sin olvidar la innovación y la sostenibilidad que nos caracteriza como negocio.

A grandes rasgos, la nueva colección es una propuesta sólida y coral, que evidencia nuestras ganas de trabajar y seguir avanzando mediante la generación de ideas, la creación de productos creativos y la investigación de nuevas tendencias. Una propuesta basada en la fuerza del color, el estampado y los diseños de gran presencia visual. Jugamos con tonalidades contrapuestas, los prints singulares y añadimos un toque extra de fantasía porque creemos que es más necesaria que nunca. Para ello, mezclamos flores de diferentes formas y estilos con motivos geométricos, artesanía, texturas sorprendentes, motivos neo Pucci simplificados y neo William Morris con fondos espaciados. Todo ello para crear un sorprendente juego de armonías, color, luz y tono que creemos que no dejará indiferente a nadie.

El abrazo como eje vertebrador
“Tenemos ganas de salir a la calle y mostrar nuestra alegría, energía y positividad”, asegura Rosa Pujol, directora creativa de Gratacós. Bajo esta primera premisa, se estructura la colección Otoño-Invierno 22/23 que apuesta más que nunca por la calidad, la fantasía y el lujo. Mostrar para sorprender y sorprendernos, ahora en mayúsculas, como una exigencia máxima.
Y en estas ganas de mostrar el lado fantasioso de la moda, interviene el concepto madre que vertebra toda la propuesta para el próximo invierno: el abrazo. El símbolo de la unión, del afecto y de la fraternidad entre personas, más evidente en épocas inestables como la que estamos viviendo. Abrazar es ceñir con los brazos, estrechar, comprender, contener e incluso incluir. Las plantas enredaderas también abrazan los troncos y las fachadas de las casas. Y nos gustaba ese concepto que une y crea un sentimiento de simpatía. Estética y visual. De hecho, es una colección pensada para abrazar múltiples mercados y distintas ocasiones a través de artículos versátiles y sorprendentes que satisfacen estilos y momentos muy diferenciados.
“Tenemos ganas de salir a la calle y mostrar nuestra alegría, energía y positividad”.
Rosa Pujol, directora creativa de Gratacós

Abrazar los materiales
La colección Otoño-Invierno 2022/2023 abraza la artesanía. Las hilaturas gruesas, los trenzados evidentes y los acabados hechos a mano. Es también una temporada donde la textura comunica por si sola a través de pliegues complejos, efectos 3D, transparencias opacas que insinúan sin mostrar, y relieves preciosos que sorprenden por sus líneas y formas.
Esta temporada, el equipo creativo también pretende estimular nuevas sensibilidades al juntar dos tejidos a priori poco compatibles entre sí para crear estéticas atrevidas en un mismo conjunto. Se trata de atreverse a través de artículos complementarios que juntos, crean harmonías cromáticas compatibles. Otra de las características de la temporada es la apuesta por el brillo que da el salto de la noche para instaurarse de día a través de tejidos sorprendentes que buscan un punto de luz sutil y de fantasía 100% llevable. Simple, pero sofisticado.

Abrazar el color
El color, más que materia, es luz y se desarrolla a consciencia esta temporada para conseguir resultados muy atractivos. Una luminosidad para que nos dé mejor aspecto en la calle. La colección trabaja desde los tonos primarios, a través de estampados gráficos, hasta la paleta de metalizados como el oro (energía solar) y la plata (energía lunar), mezclados entre sí.
Como es habitual, en Première Vision Paris, se presentarán tres gamas de colores. La primera corresponde a una franja luminosa gobernada especialmente por amarillos radiantes y cálidos marrones. La segunda carta es la de medios con tonos vibrantes que van desde los naranjas pasando por los azules y los verdes, para acabar con los fucsias. Por último, la última carta corresponde a los neutros y las tonalidades más apagadas, consideradas más masculinas. Una gama muy interesante que ofrece una gran posibilidad de combinaciones al ser versátil y atemporal.

Abrazar la naturaleza
La colección Otoño-Invierno 2022-2023 intenta estrechar los lazos entre el hombre y la naturaleza más próxima a través de tejidos que hacen referencia a la belleza de las plantas. Vuelve la inspiración jardín a través de tejidos con motivos vegetales y paisajes campestres. Como diría la escritora y jardinera, Jamaica Kincaid: “Los jardines son espacios para conectarnos”. Desde Gratacós también se revaloriza lo natural con un compromiso por el origen de los productos y la materia prima.
Por último, las flores también se adueñan de la colección en un inverno particularmente florido. La flor es protagonista de muchos de los tejidos con variedad de formas, colores, tamaños y disposiciones.

Abrazar la geometría
Los motivos geométricos están muy presentes en esta próxima temporada con tejidos que dan un giro a los clásicos para llamar la atención a la nueva generación de consumidores: cuadros, lunares, pata de gallo o rombos que se combinan de forma creativa dando nuevas geometrías inesperadas.
En paralelo, también llegan combinaciones sorprendentes para generar todo tipo de fantasías. Lo más extremo: combinar dos tejidos con motivos gráficos que se pueden llegar a combinar en un mismo outfit. Por último, aunque no sea una temporada de animal print, en la próxima colección de invierno se asoma tímidamente algún artículo fantasioso como un Jacquard de diseño de jirafa.


Miércoles 08 septiembre 2021
¡Era de esperar! Dentro de su esencia cíclica, la moda evoca la fantasía después de dos años sin apenas moverse de la comodidad y la austeridad, dos valores influenciados por la pandemia mundial. Hay que recordar que la moda siempre es un reflejo de la sociedad. Así, el reinado de los chándales, las sudaderas, los pijamas y las zapatillas (ya sean de andar o no por casa), parece que toque su fin con nuevas inspiraciones que se postulan totalmente antagónicas: Más lujo, más ornamentación y por supuesto, más brillo en prendas festivas y colecciones que piden a gritos evadirse de la realidad.

De las tres máximas, queremos centrarnos en los tejidos brillantes como una de las tendencias que pisan fuerte esta temporada Otoño-Invierno 21/22 que estrenamos en septiembre. Más allá de las lentejuelas que pisan fuerte des de ya y llegan en su versión más ostentosa (lentejuelas sobre lentejuelas en pantalones, chaquetas y vestidos voluminosos), nos apetece hablar de los tejidos satinados, una de las grandes apuestas de las nuevas colecciones que hemos visto en prendas, zapatos y bolsos y que su sutileza y suntuosidad nos sigue inspirando a la hora de elaborar nuestros tejidos.

Es curioso como el satén es uno de los pocos tejidos que no conoce de límites dentro del armario: tanto nos sirve para inverno como en verano, o entre temporadas. Más allá de su atemporalidad, también destaca la versatilidad porque admite infinitas posibilidades, convirtiéndolo en un tejido indispensable en el armario de cualquier persona. El satén tiene una bonita caída gracias a su fluidez y un brillo suave. Es un tejido sedoso capaz de transformar un estilismo y hacerlo navegar entre lo formal y lo casual. En pasarela, ya hace tiempo que lo vemos en prendas y complementos variados, en especial en vestidos tipo slip dress (inspirados en los camisones lenceros), tops y blusas románticas, faldas ligeras y vaporosas, e incluso bolsos de mano.

Breve historia del satén
Los orígenes del satén se encuentran en China hace más de 2.000 años y proceden de la seda. De hecho, su nombre deriva de Zaitun, un puerto chino célebre por exportar en raso. Aunque fue popular y muy deseado en la cultura grecorromana, el consumo de satén de seda se extendió en Europa en la Edad Media hacia los siglos XII y XIII. Italia era el principal puerto exportador y consumidor. El satén cautivaba por su riqueza, fluidez y esplendor, era más barato que la seda, y fue uno de los tejidos favoritos que se destinó a la indumentaria de las clases privilegiadas, y también se empleó en textiles para decorar los grandes castillos y palacios. El satén, no se popularizó en masa, hasta el siglo XIX, después de la Revolución Industrial y los avances en el proceso de producción y comercialización. Este tejido también se extendió a otros ámbitos como la ropa interior. Entonces, el satén pasó a ser un tejido versátil y asequible, que podía emular la suavidad, la suntuosidad y la elegancia de la seda.

Durante el siglo XX, el satén conquistó la indumentaria más sexy y chic de las actrices del viejo Hollywood a través de vestidos lenceros que fueron un escándalo en su época por su atrevimiento. Algunos ejemplos: la actriz y sex simbol, Mae West lucía en 1937 un vestido de satén adornado con flores en el hombro que marcaba sus curvas o no podía pasar desapercibido. También fue icónico el vestido blanco ajustado que esculpía la silueta de Marilyn Monroe en ‘Los caballeros las prefieren rubias’ (1954) o el modelito de tirantes con motivos de encaje que llevaba Elizabeth Taylor en la película ‘Butterfield 8’.
Décadas más tarde, el desarrollo de telas sintéticas hizo que el satén fuera aún más asequible, llevándolo a la moda convencional. Desde entonces, el satén ha trascendido más allá de una tendencia estacional y se ha convertido en un tejido habitual y básico en el vestuario diario.

El satén no siempre es de seda
Aunque lo pueda parecer, el satén no siempre es de seda. En realidad, es un tipo de trama y no una fibra. En la tela de satén, al menos cuatro hilos de trama se tejen sobre un hilo de urdimbre. Tradicionalmente, el satén tiene un lado brillante y un lado más opaco y puede estar hecho de diferentes fibras, como nylon, rayón, poliéster e incluso seda usada. Así que puede ser natural o artificial. En cualquier caso, es un tejido que se caracteriza por su brillo y suavidad. Hecho que lo convierte en un tejido estrella para múltiples aplicaciones, desde conjuntos de moda hasta decoración del hogar.
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¿Quién no ama el color verde? Es prácticamente imposible sentir indiferencia hacia este color intermedio que representa la quintaesencia de la naturaleza, la primavera en todo su esplendor, un estilo de vida vinculado con lo natural y lo sostenible o el rechazo de una sociedad dominada por la tecnología. Desde la Antigüedad, el verde ha sido un color muy apreciado en el arte, pero a su vez, no ha sido fácil conseguir que esta tonalidad perdure en el tiempo sin utilizar procesos químicos. Se habla de la variabilidad del verde y de cómo cambia su percepción en función de la luz y los matices que adquiere. Uno no siente lo mismo por el verde guisante o el esmeralda (el verde bonito) o el verde grisáceo o el verde sapo (el verde feo). ¿No es así?

El color de lo fresco, lo inmaduro y lo jovial
El verde es el símbolo de la naturaleza. Representa toda su extensa y variada vegetación y es una asociación universal muy primitiva, ajena a culturas y religiones. De verde también se asocia la vida, la salud, la esperanza y el medio ambiente. La primavera es verde porque todo lo que germina, brota y nace en la naturaleza es de este color. Los negocios florecientes también se dicen que son de color verde. Esta tonalidad también se asocia con las cosas frescas especialmente cuando se vincula con los productos de la huerta. Incluso un perfume coloreado de verde sugiere un aroma fresco, y se dice entonces que el aroma tiene “una nota verde”.

De verde también es la juventud y a su vez la inmadurez que conlleva esta etapa vital. Un joven que aún está “verde” es aquel cuyas formas de pensar son como la “fruta verde”. Después de la juventud viene la madurez y ésta pasa del verde fresco al radiante amarillo, símbolo en China de la fertilidad. Los campos de trigo dejan de ser verdes cuando el trigo ya está maduro, listo para la cosecha.

El verde a lo largo de la historia
La historia del verde se remonta a la Edad Antigua. En Egipto, el verde era un símbolo de regeneración y renacimiento. Por ejemplo, el dios Osiris se le representaba con la piel verde y simbolizaba la vida y la muerte. Los egipcios extraían de la malaquita, los pigmentos para pintar los muros de sus tumbas, pero era un proceso caro y se volvía negro con el tiempo. Los romanos encontraron una solución al sumergir platos de cobre en vino para crear el pigmento verdegrís que se produce con la corrosión del metal. Este es el mismo tono verde que vemos hoy en día en los techos de metal patinado, monedas antiguas o esculturas. Los antiguos romanos usaban este pigmento en mosaicos, frescos y vitrales. En la Edad Media, los monjes medievales utilizaban el verde para colorear sus manuscritos. No todo eran bondades las del verde: también se le consideraba un color horripilante al vincularse con los monstruos, los demonios, la envidia y la traición. También el veneno. En general, lo inusual se vestía de verde. Ya nos lo advierte el refrán: “Eres más raro que un perro verde”.

El color de la burguesía
En la Edad media, el color de la ropa indicaba el rango social y a su vez, la profesión de una persona. El rojo era usado por la realeza, el azul por la nobleza, mientras que el pueblo vestía de marrón y gris, colores ordinarios y fáciles de producir en la época. El verde fue el color que llevaban los comerciantes, los banqueros y los propietarios de nuevos negocios que empezaron a aflorar en el Renacimiento. Una nueva clase social, formada por personas acomodadas, que lograban acumular propiedades y capital, y tenían ciertos privilegios. El verde se convirtió en el color que representaba a la burguesía floreciente. Una anécdota: La mujer en el ‘Retrato de Giovani Arnolfini y su esposa’ de Jan van Eyck (1434) lleva un vestido verde brillante, que simboliza el estatus y la riqueza de su familia.

El verde vanidoso
“Quien de verde se viste por guapa se tiene” reza un popular refrán que no considera que el verde sea un color favorecedor o fácil de llevar. Una posición similar compartía Lope de Vega en La Dorotea: “Quien se viste de verde, a su rostro se atreve”, para eludir en sentido general a las personas engreídas dadas a engalanarse con colores llamativos, poco corrientes para la época.
Aunque el verde fue popular en siglos pasados y se vinculaba en actividades de la vida diaria de la élite burguesa, no se aceptaba tanto como color para los días festivos o las ocasiones especiales. Eso era porque en el siglo XIX aún no existía ningún tinte natural que pudiera conseguir un verde intenso. Entonces, las telas verdes se volvían pálidas y apagadas. En 1863, el químico Eugen Lucius produjo un colorante verde intenso al que, como era costumbre en su época, bautizó con un nombre basado en su estructura química: verde aldehído. Con dos socios fundó una compañía para introducir esta tonalidad de verde en el mercado de los colores considerados hermosos para vestir. Hay una anécdota curiosa en referencia a este tipo de verde. La esposa de Napoleón III, la emperatriz Eugenia de Montijo estaba considerada la mujer más bella de la época y era un icono de estilo y elegancia. De hecho, se la considera la influencer española con una proyección más internacional del s. XIX. Eugenia confió en las propiedades de este nuevo verde que le traían los tintoreros en la corte de París y se hizo hacer un elegante vestido de seda de color verde aldehído para asistir a una noche en la ópera. Con las luces del gas, el verde del vestido brillaba con intensidad de manera inexplicable. Ese verde de aldehído causó sensación entre la clase burguesa y se puso inmediatamente de moda. Después de este éxito, la industria química puso en el mercado muchos tintos verdes. El verde también fue uno de los colores predilectos de la artista polaca, Tamara de Lempicka. Su famoso ‘Autorretrato en un Bugatti verde’ retrata el movimiento futurista de la época. De verde también se solía vestía la actriz Greta Garbo en los años 30. La imagen de una imponente mujer del cine clásico segura de sí misma.

La tonalidad más tóxica y artística
Es curioso que el color asociado con la naturaleza también haya sido el color más difícil de conseguir de forma natural porque los colorantes empleados para su fabricación no resistían al lavado ni a la luz solar. A principios de la Edad Moderna se empezaron a mezclar sustancias químicas y tóxicas para conseguir verdes luminosos y duraderos. En 1775, el químico sueco Carl Wilhelm Scheele inventó un mortal tono verde brillante hecho con arseanto, un químico tóxico. Se le conocía como verde de Scheele y el color era tan popular que para finales del siglo XIX ya había sustituido a los anteriores tintes minerales y vegetales. Este verde fue utilizado en papel, tapices, telas e incluso en los juguetes. A finales del siglo XIX, un pigmento similar llamado verde de París, también altamente tóxico, fue el pigmento que los impresionistas franceses como Claude Monet, Paul Cézanne y Pierre-Auguste Renoir utilizaron para crear sus exuberantes paisajes verdes. Hoy en día, a pesar de todos los avances modernos en la tecnología del color, la producción de tintes y pigmentos verdes sigue siendo difícil y muchas tonalidades siguen incluyendo sustancias tóxicas.

Un color de temporada
El verde es uno de los colores que está marcando 2021: colecciones de verano e invierno. Marcas como Max Mara, The Attico o Salvatore Ferragamo han apostado esta temporada por sus diferentes tonalidades, demostrando que es una de los colores de moda que dicta las tendencias. Además, marcas como Chanel o Balenciaga destacan por sus coloridos bolsos. En otoño, las pasarelas vuelven a subir el verde en versiones brillantes como el esmeralda o el verde Leprechaun -hace alusión a la criatura mítica del folklore irlandés- o en su versión más apagada como el kaki.
A nivel de estilismos, el verde convence porque es un tono de riesgo aceptable que se empareja muy bien con las tonalidades neutras como los marrones, los beiges y los tierra, y el eterno negro y blanco. Esta tonalidad atrevida se adapta perfectamente a un look monocromático o puede llevarse en dosis pequeñas para proporcionar el toque de color perfecto para quienes están acostumbrados a vestirse en tonos más sobrios.




Este verano la industria de la moda española recibía una triste noticia que evidenciaba una vez más, los altibajos que atraviesa el sector en una época inestable. Delpozo, una de las firmas made in Spain con mayor proyección internacional anunciaba que cerraba sus puertas. Tras más de 47 años de historia, la heredera de la marca homónima Jesús del Pozo ha tenido que enfrentarse a la liquidación ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo de venta que pudiera rescatarla. Una decisión que pone punto y final a una de las marcas más icónicas del país que ha vestido con sus diseños de ensueño a incontables modelos, personalidades del cine e incluso royals.

Los orígenes madrileños
Jesús del Pozo se fundó en 1974 en Madrid y formó parte de la llamada “quinta de la Movida”, correspondiente a los años ochenta, y a la generación de los noventa que la formaban diseñadores como Montesinos, Alvarado, Manuel Piña, Sybilla, Victorio&Lucchino, Amaya Arzuaga, Lydia Delgado o Hannibal Laguna. Firme defensor del diseño conceptual, comenzó como otros compañeros de profesión como Adolfo Dominguez o Antonio Miró, a diseñar para hombre. La firma no tardó en lanzarse también al diseño femenino y crear vestidos para mujeres independientes con prendas esculturales de aires aniñados. “Evito las florituras, prefiero todo lo que sea directo y sencillo, me atrae el sentimiento. Busco lo esencial”, solía argumentar el creador madrileño.
Desde sus inicios, Jesús del Pozo fue un firme defensor de la industrialización del sector. Lanzó su primer perfume, abrió nuevas vías de negocio e inauguró una nueva era dorada para la economía de la firma. En el terreno personal, la creatividad de Jesús del Pozo se premió con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1988, el Premio Nacional Cristóbal Balenciaga en 1989 y la Aguja de Oro en 1981. El diseñador también fue uno de los impulsores de ACME -Asociación de Creadores de Moda de España- y ejerció como presidente de la asociación hasta 2004.

El romanticismo arquitectónico de Josep Font
El diseñador murió en 2011 y un año más tarde, el Grupo Perfumes y Diseño se hizo con el control de la marca, reformuló sus directrices y entregó la dirección creativa al modisto catalán Josep Font. La empresa cambió de nombre a Delpozo, volvió a desfilar y abrió tiendas en las capitales del mundo. De 2012 a 2018, Josep Font fue capaz de renovar la identidad de la mujer Delpozo, respetando la base de Jesús del Pozo (buen gusto sin excesos) e introduciendo un lenguaje propio inspirado en las formas de la naturaleza. Piezas voluminosas, diseños arquitectónicos, tejidos etéreos y colores que bailaban entre los tonos pastel y los saturadas en combinaciones cromáticas hechizantes. Así eran las creaciones bajo el legado del diseñador catalán apasionado por la moda, la arquitectura y la artesanía.
Bajo su legado, hubo una segunda época de esplendor de la marca que estuvo acompañada de una estrategia de internacionalización con desfiles a Nueva York y Londres amadrinados por iconos de la moda como Olivia Palermo o Lauren Santo Domingo. Los vestidos de Delpozo también poblaron las alfombras rojas más fotografiadas en festivales, estrenos y hasta la gala anual del Met. En este tiempo, Font fue el encargado de vestir a Zendaya Coleman, Kerry Washington, Margot Robbie, entre muchas otras actrices de Hollywood. También llegó a vestir a la entonces primera dama de Estados Unidos, Melania Trump y a la Reina doña Letizia en uno de los looks más aplaudidos de los últimos años.

Nuevos cambios y declive
En 2018, Josep Font abandonó la dirección creativa de la marca dejando un exitoso legado como abanderado del prêt-à-couture de la marca. El creador alemán Lutz Huelle tomó las riendas siguiendo la estela de su predecesor y buscó ampliar nueva clientela en un mercado acelerado y difícil para las marcas artesanales. Para ello, se hizo una rebaja en sus precios para hacer más accesible la moda a las nuevas generaciones de consumidores. Aun así, la firma, poco a poco fue a la deriva: no consiguieron acuerdos comerciales ni compromisos de compra ante las pérdidas y se dejó de producir colecciones un año más tarde. En plena pandemia, la firma ha despedido para siempre su universo romántico y lleno de fantasía, dejando un vacío en la industria de la moda española. Un sueño de casi medio siglo que será difícil de olvidar.



El amarillo es pura contradicción. Un color dual que resplandece al ser el tono más claro de todos los colores vivos y simboliza el optimismo, la felicidad y la abundancia. En su reverso oscuro, el amarillo también es el tono que tradicionalmente se ha asociado con la rabia, los celos y la envidia. Una tonalidad amada y odiada a partes iguales, que adoran los jóvenes y precisamente representa cromáticamente la nueva generación de consumidores: la GenZ Yellow. El amarillo es a su vez uno de los colores que está marcando este 2021, según Pantone. Analizamos algunas anécdotas y curiosidades de este color tan rabiosamente actual.

El color de la diversión, la amabilidad y la alegría
El amarillo se le asocia tradicionalmente con el Sol y al estar vinculado con el astro rey, es un color que alienta y serena. Los optimistas tienen un ánimo resplandeciente y el amarillo representa su estado. El amarillo es de por sí divertido, es radiante como una amplia sonrisa. No en vano, los smileys o los emojis sonrientes son naturalmente amarillos. ¿Te los imaginarías de otro color?
Este color irradia luz y es el color principal de la amabilidad. “Para que el amarillo resulte amable necesita tener siempre a su lado el naranja y el rojo que infunden y representan ideas de alegría y de riqueza”, escribió el pintor Eugène Delacroix. Este también es el acorde cromático que se vincula con el gozo de vivir, de la actividad y de la energía.

La iluminación es amarilla
La luz solar también se percibe como amarilla, aunque en realidad no tiene ningún color. Por eso se vincula el color con la luz y la iluminación. Como color claro y luminoso que es, el amarillo está emparentado con el blanco. Lo luminoso y lo ligero son cualidades del mismo carácter y el amarillo es el más claro y ligero de los colores vivos. Tiene un efecto ligero que porque parece venir desde arriba. Por lo tanto, el color de la luz es, en sentido figurado, el color de la iluminación mental. En el mundo islámico, el amarillo dorado es el color simbólico de la sabiduría y en el antiguo simbolismo europeo se le vinculaba con el tono del entendimiento, perteneciente al mundo de la razón y las ideas. Espiritualmente, Dios se le ha representado simbólicamente como un triángulo amarillo, a menudo con un ojo dentro de esa geometría. Un símbolo de la omnisciencia y la omnipresencia del Ser que todo lo ve y que lleva a la claridad y la iluminación.
Psicológicamente, el amarillo también se le vincula con la espontaneidad y la creatividad al ser un color que agudiza la percepción e invita a la reflexión. De amarillo también son los cuadros de Van Gogh que pintó con amarillo de cormo, un pigmento muy venenoso que contiene plomo y azufre, algunos de sus cuadros más célebres como ‘Los Girasoles’.

El color de los hombres y las mujeres bellas
Desde la Antigüedad, el cabello amarillo estaba emparentado con el Sol con sus reflejos brillantes que parecían bañados en oro. De ahí, salió la palabra rubio o rubia para designar a una persona de cabello dorado como el astro rey. Los antiguos griegos representaban a sus dioses solares como Helios o Apolo de color amarillo con cuerpos esculturales y cabelleras rubias, abundantes y onduladas. Ante tal belleza, todos los mortales querían ser rubios. Por eso, untaban sus cabellos con un ungüento decolorante que se fabricaba en Atenas, se ponían durante horas al sol y esperaban hasta que los cabellos se volvían rubios. El rubio simbolizaba lo bello y lo divino.
De amarillo también se tiñe la fertilidad y la madurez, idealizada en campos estivales de tonos dorados, y el amor sensual al ser el color más frecuente en las flores. Precisamente, la mayoría de las flores son de este color: mimosas, girasoles, forsitias, crocos, primaveras, farolillos…

El lado oscuro del amarillo
No todo es oro lo que reluce y el amarillo, como tonalidad más dual de la paleta cromática, también esconde sus propias contradicciones. La advertencia de un peligro es amarilla. Eso tiene una explicación simple: es el color más claro y por su efecto óptimo visto desde lejos e irritante visto desde cerca, el es tono adoptado internacionalmente para las señales que indican la presencia de sustancias tóxicas, explosivas o radiactivas que muestran signos negros sobre fondo amarillo. De hecho, la escritura negra sobre fondo amarillo es la que mejor se lee desde lejos.
El amarillo también es el color de todo lo que disgusta: desde la envidia (disgusto por los bienes ajenos) hasta los celos (disgusto por la existencia de otros). También la avaricia es amarilla que, al igual que la envidia, son pecados capitales, y están relacionados con facetas del egoísmo. Según la creencia antigua, la irritabilidad y el enojo están vinculados a la bilis (amarilla con motas verdosas), y cuando alguien se enfadaba decían que se le ponía la piel amarilla.
Una curiosidad más. En inglés, yellow significa cobarde. A la risa falsa la llaman los franceses “risa amarilla”, y en Francia y Rusia, “una casa amarilla” es un manicomio. ¡Menudo reverso oscuro!

El color de la Generación Z
Pantone decidió este 2021 que uno de los colores que marcaría el año sería el amarillo Illuminating. Una tonalidad brillante y alegre que genera vivacidad y efervescencia, y que, según la autoridad del color, simboliza la esperanza y la positividad, valores que conectan con el futuro. Y el futuro lo marcan la nueva generación de jóvenes: la efervescente Gen-Z, nacida entre 1994 y 2008. Celebridades como Zendaya, Gigi Hadid, Kaia Gerber, Kylie Jenner, Millie Bobby Brown, entre muchas, han tomado el amarillo como su bandera de estilo, y la industria de la moda continúa utilizado estas tonalidades para llamar la atención de los jóvenes, los nuevos consumidores.
En las pasarelas, el amarillo tampoco no pasa desapercibido este verano. Desde su vertiente más candy hasta la más ácida, este color se ha convertido en uno de los protagonistas de la temporada en colecciones de firmas como Prada, Versace, Balmain o Etro que no han dudado en combinarlo con dorados, tonos tierras y los imbatibles neutros: blanco y negro.
Por lo tanto, el amarillo ahora mismo es el color del momento: de lo que florece en la industria de la moda y se vincula con la alegría y el dinamismo de la despreocupada generación de jóvenes. En menos de una década hemos pasado del rosa millennial al GenZ Yellow.




¿Quién fue Pedro Rovira? ¿Por qué su obra ha quedado oculta durante décadas si fue una de las grandes agujas españolas? Coincidiendo con el centenario del nacimiento del modista Pere Rovira i Planas (1921-1978), el Museo de Badalona rinde homenaje a uno de sus hijos ilustres con una amplia retrospectiva que recupera la figura y el espíritu contemporáneo del legado del modisto badalonés.
En una monografía ilustrada presentada recientemente en paralelo a la exposición, Lorenzo Caprile asegura en su prólogo que Pedro Rovira “estuvo en medio de todo, pero se quedó a medio camino”, haciendo referencia a su muerte prematura que le impidió convertirse en leyenda. El diseñador badalonés consiguió desarrollar una identidad propia a lo largo de su carrera y fue capaz de abrazar dos corrientes antagónicas: empezó trabajando la Alta Costura más clásica a través de colecciones exclusivas y, luego, dio un giro hacia la moda democrática con producciones en serie más versátiles y plurales que acercaban el diseño a las nuevas generaciones de consumidoras, más allá de las élites burguesas. A nivel histórico, su legado también coincide en una época de transición: del fin de la dictadura al inicio de una nueva democracia con nuevas costumbres, necesidades y maneras de concebir la moda.

Del horno a la aguja
La familia de Pedro Rovira era propietaria de una panadería en Badalona, pero él tuvo desde la infancia, una gran pasión por la costura elaborando vestidos para las muñecas de sus amigas o pintando figurines. Una afición que no le gustaba a su padre. Empezó estudiando medicina, pero abandonó rápidamente la carrera por otro trabajo vinculado con la aguja: el badalonés Celso Roldós, oficial sastre de la prestigiosa casa Santa Eulalia de Barcelona, le enseñó el oficio. Muy pronto Rovira cumpliría su deseo de viajar a París en busca de nuevas oportunidades. Su ambición era elevada y quería perfeccionar la técnica. A la capital francesa se hizo amigo de Cristóbal Balenciaga, quien le influenciaría enormemente en sus inicios. De París se empapó durante dos años de las tendencias a través de los desfiles de moda de los principales modistas de la época. Cuando volvió en 1948, fundó su propio taller de alta costura en Barcelona, en el barrio de Gracia, aunque continuó viviendo en Badalona.

Auge e internacionalización
La fama de Pedro Rovira se extendió como la pólvora en los años 50. El savoir faire del diseñador, gracias a su bagaje parisino, junto con su magnetismo personal le propició rápidamente el reconocimiento de la burguesía catalana con el apoyo de varias damas de la alta sociedad que eren asiduas a sus diseños refinados. Más tarde, cuando cerró el atelier Balenciaga en 1968, algunas de las clientas del modista vasco como la marquesa de Torroella de Mongrí, María del Carmen Ferrer-Cajigal y su hija Carmen de Robert también llamarían la puerta de Rovira. De hecho, Pedro Rovira era hábil vistiendo a varias generaciones de mujeres de una misma familia con diseños versátiles y flexibles que se adaptaban a cada ocasión. Para Rovira, la moda era una servitud.

A finales de los años cincuenta, la fama de Pedro Rovira se extendió por Europa con desfiles en Frankfurt, Estocolmo, Milán y Venecia, y en 1964 sus diseños llegaron a Nueva York, seduciendo el público norteamericano. En esos viajes le acompañaban las modelos más ilustres del momento que ejercían de embajadoras de su estilo: María del Carmen Aznar, Carmen Paré e Isabel Martín eran las más habituales. Más tarde con el boom de las colecciones de prêt-à-porter, trabajaría con la modelo y empresaria Francina Díaz, la actriz Teresa Gimpera y algunas esporádicas como Nati Abascal, fotografiada por Antoni Bernad. El éxito internacional continuó en los sesenta y los setenta con la crítica en el bolsillo y los diseños de Rovira aparecían en las páginas de las prestigiosas revistas como Vogue, Harper’s Bazaar, Elle, Marie Claire. Después de haber sido aclamado en el ámbito internacional y de tener el reconocimiento de la crítica especializada, en 1964, finalmente, Rovira fue admitido en la Cooperativa de Alta Costura, que agrupaba a los modistos más elitistas del país como Pedro Rodríguez, Asunción Bastida, Manuel Pertegaz, Santa Eulalia y el Dique Flotante, considerados como los Cinco Grandes de la Moda Española. Junto con Rovira, el mismo año, también entró en la cooperativa Carmen Mir.

El año 1968 fue histórico para Pedro Rovira. En plena expansión de la marca, el diseñador decidió lanzar las primeras colecciones de moda democrática con distintas líneas para todas las edades, ocasiones y momentos. Eso fue un hecho remarcable en la historia de la moda española porque a pesar de algunos intentos por parte de otros diseñadores, nunca antes se habían lanzado propuestas serializadas con prendas de diseño a precios más asequibles. Los diseños prêt-à-porter de Pedro Rovira eran atrevidos pero muy llevables. Combinaban fantasía llevada al terreno de la calle a través de tejidos geométricos, estampados gráficos y colores vibrantes para una mujer cosmopolita y contemporánea que abrazaba la sociedad del cambio en España.

Un final inesperado
En los primeros años setenta la marca tuvo dos boutiques en Madrid y puntos de venta por toda la Península. Justo cuando la firma vivía su mayor esplendor hubo un revés que la condenó a una caída brusca y a su posterior olvido: la muerte precipitada del diseñador de un ataque en el corazón en 1978. Tenía solo 57 años. La firma que llevaba su nombre todavía funcionó durante un tiempo, puesto que había alcanzado mucha difusión y presencia en el mercado, pero sin el reclamo y la gran potencia creativa de Rovira, la marca tuvo que cerrar en 1980.

Un extenso legado
Después de un primer homenaje en el Museo del Traje de Madrid a cargo de la Fundació Antoni de Montpalau, el Museo de Barcelona ha desplegado toda la obra de Pedro Rovira en una gran exposición retrospectiva dedicada al modisto para conmemorar el centenario de su nacimiento. Esta muestra, abierta del 4 de junio hasta el 18 de octubre de 2021, representa una revisión amplia y completa de la obra del modisto badalonés: ocupa dos plantas del museo y está ordenada cronológicamente siguiendo la producción de Rovira desde los primeros años cincuenta hasta las últimas colecciones de 1978. Unos ochenta de vestidos y más de cien dibujos proceden de la Col·lecció Antonio de Montpalau, colaboradora de la iniciativa, y se exponen también piezas procedentes del fondo del Museu de Badalona y de los herederos de Rovira. Completa el homenaje un documental que rescata la memoria de su legado y una monografía ampliamente ilustrada. Un extenso homenaje para sacar del olvido la gran figura de Pedro Rovira y colocarla donde se merece en la historia de la moda española.
Es curiosa la historia de la moda íntima femenina porque no solo se encuentra ligada a las tendencias de cada época, sino a las rebeliones de las mujeres y a la fuerza de algunos iconos femeninos como las bailarinas Isadora Ducan e Irene Castle, la escritora Simone de Beauvoir o la diva del pop, Madonna que abrieron camino en su época, rompiendo algunas convenciones y tabús marcados. Es también remarcable, como en las últimas décadas, la concepción de lo que es íntimo y lo que no, brilla por su ausencia porque la moda evoluciona y se transforma, fusionando conceptos y adaptando piezas que en su día se crearon para permanecer ocultas tras las capas externas de la ropa visible.

De las egipcias a las francesas. Un breve repaso histórico
La ropa íntima nació para cubrir una necesidad básica: higiene y abrigo de las partes femeninas. Luego, con el paso de los siglos pasaron a ser prendas para moldear y corregir la figura femenina. Se estima que fueron las egipcias de la alta sociedad, quienes empezaron a utilizar algún tipo de lencería. Entonces eran túnicas pegadas al cuerpo de lino y algodón con una especie de enagua que empezaba por debajo del pecho y finalizaba debajo de los tobillos como parte de su vestimenta diaria. En la Antigüedad, para levantar los pechos, -la parte anatómica que simbolizaba la feminidad, la maternidad y el placer-, la mujer aceptó muchos sacrificios. Con ese fin, en Creta se inventó el sujetador hace casi cuatro mil años. También en la Antigua Grecia, nació el zóster, un ceñidor que usaban las mujeres solteras para realzar el busto. Las casadas utilizaban otra prenda para sujetar el pecho, llamada apodesmo, y solía ser una tela de vivos colores y adornada con esmero. En Roma se usaba una banda enrollada alrededor del pecho para dar a la figura femenina la armonía y la forma que se consideraba bella en la época. Durante la Edad Media, el brial y la camisola aprisionaban el pecho en un momento en el que sólo se permitía señalas el busto a las doncellas. En cuanto a las braguitas, no se concibió la prenda como parte del atuendo interior hasta el Renacimiento. Por último, los corsés surgieron en la Edad Media y tuvieron altibajos en su uso hasta finales del siglo XIX. Esta pieza rígida no sólo era una prenda íntima para mantener la higiene, sino también se utilizaba para estilizar y seducir.

Francia se considera el país inventor de la ropa interior, parecida a la que conocemos hoy en día, y de la popularización de su uso. Hacia el año 1830 se experimentó un giro hacia el uso de la ropa interior que coincidió por la creciente tendencia hacia una moralidad pública que durante la época victoriana llegaría a su cúspide. También influyó la aparición de nuevos tejidos y telas más finas y ligeras, que resultaban apropiadas para utilizar en ciertas zonas del cuerpo. Desde 1860, se empezó a diseñar la ropa interior femenina, y en 1880, la seda se convirtió en el tejido preferido para tales usos. Más tarde se empleó también la lana (en zonas más frías) y el algodón, tejidos que dejaban transpirar la piel. Su uso también se extendió en enaguas, camisones y bragas. Hubo que esperar hasta finales del siglo XIX para que la lencería femenina adquiriera un aire definitivamente sexy con la aparición de las primeras medias de seda y los ligueros. Aunque su uso quedaba reservado exclusivamente para la intimidad de los dormitorios y para las llamadas “mujeres de mala vida”.

El siglo XX fue el siglo del sujetador que acabó enterrando el corsé como prenda para moldear el pecho y la introducción de las copas en los sujetadores demostrando que existían mujeres con diferentes tallas y tamaños de busto. En los años 50 se introdujeron los sujetadores cónicos de copas puntiagudas, que inmortalizaron las modelos de estética pin-up y más tarde, Madonna en los transgresores años 80. Los corsés se introdujeron como ropa de calle gracias a la influencia del cine y los Años Dorados de Hollywood. Por último, en 1990 fue el boom del wonderbra, un sujetador que realzaba el pecho sin necesidad de cirugía estética.

Del interior al exterior. La lencería se exhibe sin pudor
Como acabamos de comentar, la lencería nació en Francia a finales del siglo XIX para liberar a las mujeres de los corsés de la época y las actrices de la industria del cine del siglo pasado, fueron las encargadas de darle ese toque glamuroso exhibiendo la ropa más íntima en fastuosos rodajes cinematográficos. Prendas como camisones, túnicas y kimonos elaboradas en hermosas telas ligeras de seda y satén, saltaron de la cama al escenario, junto a conjuntos lenceros que evocaban sensuales juegos de transparencias a través del tul y el encaje, que iban más allá del dormitorio. La moda íntima estaba bajo el foco lista para ser consumida para una nueva generación de consumidoras que no tenían los prejudicios de sus madres o sus abuelas.

Desde finales del siglo pasado hasta la actualidad, hemos vivido una auténtica explosión de moda lencera que conquista en masa un nuevo terreno hasta ahora (casi) vetado: la calle. No son piezas de lencería propiamente dichas, sino una adaptación que las grandes firmas crean de esos modelos para que sean expuestos en público. Así, en la década de los 90 empezó el boom de los vestidos lenceros o tipo camisón de seda con tirantes finos y motivos de encaje que inmortalizaron las it girls de la época como Kate Moss, Winona Ryder o Jennifer Anniston. Luego vinieron los sujetadores exteriores o los crop tops que popularizaron las cantantes de rap y hip hop norteamericanas que mostraban sin pudor un palmo más arriba (o debajo) del ombligo. Ellas también fueron las primeras que se atrevieron a mostrar las bragas o las tiras del tanga debajo de sus pantalones de chándal de talle bajo. También viven su mejor momento las prendas de tejido semitransparente como el tul plumeti y el encaje en outfits románticos de inspiración victoriana. Otras piezas como los conjuntos dos piezas pijameros de raso y los kimonos estampados de estética oriental se han asentado en nuestro armario a lo largo de la última década con total normalidad, aportando ese toque elegante, pero sugerente en los estilismos diarios.
Al margen del estilo y de las tendencias, lo que está claro es que la lencería lleva un buen tiempo reivindicando su espacio fuera de la espera privada para explorar otros ámbitos y las pasarelas dan fe de esta tendencia exhibicionista que, de momento, no conoce su fin.



